
La intervención de NUA arquitectures recupera y amplía las oficinas de Tuvatèxtil, una de las últimas empresas vinculadas a la tradición industrial textil de El Pont d’Armentera. Situada a las afueras del centro histórico, junto al Barranco de las Brujas, la fábrica forma parte de una historia productiva ligada al río Gaià que alcanzó su máximo desarrollo a comienzos del siglo XX. El proyecto busca recuperar esa memoria industrial a través de una intervención que reorganiza las construcciones existentes, mejora las condiciones de trabajo y activa nuevos espacios de encuentro.


Frente al acceso a las oficinas, una nueva plaza arbolada transforma un área destinada originalmente a la circulación vehicular en un espacio de descanso, reunión y celebración. Su trazado sigue las líneas estructurales de la nave industrial y combina bancos, árboles y luminarias de distintas alturas para definir diferentes ámbitos de uso. Una pérgola de tres bóvedas y un muro de piedra seca completan el espacio, que se abre hacia el paisaje vitivinícola y recupera una dimensión comunitaria dentro del conjunto fabril.


La intervención en las naves existentes parte de la conservación y reinterpretación de las distintas estructuras que se fueron incorporando a lo largo del tiempo. Las grandes luces de las construcciones industriales conviven con ampliaciones de carácter más convencional, una superposición de sistemas que el proyecto articula mediante una nueva estructura ligera de madera. En contraste con la estructura pesada de hormigón prefabricado, este sistema cose los distintos volúmenes, usos y profundidades a partir de una lógica constructiva común.

En la planta baja se ubican los espacios comunes, los accesos, los servicios, los vestuarios, las instalaciones y los comedores, todos vinculados con la nueva plaza. Un pasaje central conecta este espacio con el patio interior de maniobras y funciona como vestíbulo y área de transición hacia la fábrica. En el interior, una pasarela ligera suspendida en la primera planta y una nueva escalera de cerámica prolongan el recorrido. Ambas piezas se resuelven mediante una estructura de madera que articula las distintas áreas de la intervención.


La primera planta concentra las oficinas en un espacio diáfano, organizado mediante un sistema de mobiliario modular de madera que define distintos grados de privacidad. Las estanterías siguen el ritmo de las grandes luces estructurales y se ubican bajo las vigas de hormigón existentes. Hacia la fachada interior, una serie de vestíbulos, servicios y despachos funciona como filtro acústico entre la fábrica y las oficinas. La crujía exterior, en cambio, se libera para conformar un espacio de trabajo compartido, favorecido por la iluminación y la ventilación natural. Las instalaciones se integran en las nuevas piezas de mobiliario y en las estructuras que captan la luz de los lucernarios existentes.

El proyecto se apoya en una estrategia de reciclaje y reutilización que busca reducir los residuos y el impacto asociado a la construcción. Se conservan las estructuras preexistentes y se reutilizan elementos de la envolvente, los pilares de una antigua pérgola y las piedras de un muro demolido, incorporadas al nuevo muro de piedra seca. La intervención suma madera y cerámica de proximidad, reduce las capas constructivas y aprovecha los sistemas pasivos de iluminación y ventilación natural. Una nueva envolvente mejora el comportamiento térmico de los muros existentes, mientras que la vegetación regula la incidencia solar y contribuye a convertir la plaza en un refugio climático. En el interior, las plantas colaboran con la regulación ambiental y el confort de los espacios de trabajo. La combinación de reutilización, reducción de residuos, materiales de bajo impacto y disminución de la superficie climatizada busca alcanzar un edificio de impacto nulo.




