
La casa, concebida como una contenedora de conocimiento, se inspira en la simbología de las bibliotecas y en la atmósfera íntima de la pintura “San Jerónimo en su estudio” (Antonello da Messina, 1474-1475). La propietaria, una ávida lectora, deseaba que la casa fuera un refugio para sus libros, transformándola en un espacio donde la arquitectura tomara forma a propósito de ellos.


El proyecto se organiza a partir de dos volúmenes: uno cilíndrico que contiene el estudio y otro prismático destinado a la vivienda. La volumetría surge de una exoestructura compuesta por una grilla homogénea y regular de madera, que soporta el peso de la cubierta y del entrepiso, define la forma de la fachada y sirve como espacio para las bibliotecas interiores.


A través de gabinetes accesibles desde las paredes de las bibliotecas, se accede a todas las instalaciones de la casa. El jardín incorpora una huerta integrada con la vegetación nativa, mientras que una pileta natural, filtrada por vegetación, complementa este sistema, y marca el ritmo de las estaciones. La pileta atrae diversos insectos, generando nuevos ecosistemas que invitan al disfrute en armonía con la naturaleza.

Planos
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