
Refugio Luján se emplaza en una llanura de inundación del delta bonaerense, un territorio anfibio transformado a lo largo del tiempo mediante la apertura de canales y la construcción de senderos elevados que garantizan la accesibilidad durante las fluctuaciones hídricas. En este paisaje, antiguamente ocupado por plantaciones forestales, se ha consolidado un conjunto disperso de viviendas adaptadas a las condiciones periódicas de inundación. La intervención propone un soporte elevado que responde a esta dinámica y establece distintas formas de relación con el entorno.

La vivienda se organiza en dos niveles elevados respecto del terreno natural, cada uno con una relación particular con el paisaje. La planta baja se concibe como un amplio espacio semicubierto que permite experimentar de cerca los pastizales y la vegetación del bosque inundable. Un volumen compacto concentra el sanitario, el lavadero y la parrilla, liberando el resto de la superficie para usos flexibles vinculados con la vida al aire libre.

La planta alta, situada aproximadamente cuatro metros sobre el terreno, establece una relación más distante con el entorno: se vincula con las copas de los árboles y amplía las visuales hacia el arroyo y los campos circundantes. A diferencia del nivel inferior, abierto y permeable, este ámbito concentra las funciones domésticas y configura un espacio de refugio. La escalera articula ambos niveles y prolonga el recorrido hacia un deck exterior, protegido por una cubierta de lona tensada que regula la incidencia solar y favorece la continuidad entre los espacios interiores y exteriores.

El sistema constructivo combina una infraestructura de hormigón, apoyada sobre bases y pilotines, con una estructura metálica prefabricada. Esta última se compone de cuatro prismas modulares de cinco metros de lado y tres metros de altura, que conforman el soporte principal de la vivienda. En la planta alta, la estructura se prolonga mediante expansiones metálicas sobre ambas fachadas, donde se alojan programas complementarios, entre ellos la cocina, el baño y áreas destinadas a usos más estáticos.


La envolvente actúa como un dispositivo de regulación ambiental. En la fachada norte, un sistema de toldos robotizados permite graduar la incidencia solar y controlar las condiciones de privacidad respecto del sendero de acceso. Los cerramientos de paneles sándwich con núcleo aislante, desarrollados originalmente para la industria frigorífica, integran rigidez y acondicionamiento térmico en un único sistema constructivo. A su vez, las aberturas corridas en ambas fachadas longitudinales favorecen la ventilación cruzada y permiten aprovechar las condiciones cambiantes del entorno.


En el exterior, la vivienda se reviste con chapa cincada, mientras que los interiores y el mobiliario fijo se resuelven íntegramente en madera de guatambú. El contraste entre ambos materiales pone en relación la precisión de los sistemas industrializados con una materialidad interior cálida. La combinación de construcción prefabricada, control climático y ocupación mínima del suelo configura una arquitectura que reconoce las particularidades del territorio inundable y propone una forma de habitar en continuidad con el paisaje.






