
La bodega de Quinta de Adorigo, finalizada en 2024, forma parte de un desarrollo de enoturismo de gestión familiar en la región del Alto Douro Vinhateiro, en Portugal, declarada Patrimonio Mundial Natural y Cultural por la UNESCO. Junto a un hotel actualmente en construcción, la bodega se integra de manera sutil en el paisaje, combinando tradición, innovación y criterios de sostenibilidad.


Concebido para minimizar el impacto ambiental, el proyecto reutiliza infraestructuras existentes y prevé futuras adaptaciones. Su arquitectura curvilínea acompaña el trazado zigzagueante de los viñedos sin comprometer la funcionalidad. El uso de materiales locales, como esquisto y granito, reduce las emisiones derivadas del transporte, mientras que las estructuras de madera sustituyen al hormigón siempre que es posible, limitando la liberación de CO₂. Con el paso del tiempo, los tonos rosados, grises, verdes y marrones adquieren nuevas texturas y matices, reforzando la integración del edificio en su entorno.

La configuración del conjunto se organiza a partir de una serie de naves interconectadas que siguen la topografía existente, una lógica que se replica en su funcionamiento interno, donde el proceso de vinificación se desarrolla por gravedad. Este sistema gravitacional, tradicional en las riberas del río Duero, se reinterpreta aquí incorporando capacidades operativas contemporáneas.


La geometría de la cubierta interpreta el tejado a dos aguas de la arquitectura vernácula, estructurado en madera. Esta estructura queda expuesta en el interior de la bodega y se transforma en un elemento escultórico sinuoso, continuo y orgánico, que fluye siguiendo las curvas tangenciales de los viñedos.

El desarrollo incorpora fuentes de energía renovable, en particular energía geotérmica, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y garantizar condiciones hidrotermales óptimas tanto para la producción de vino como para el confort humano.


La eficiencia energética es un aspecto central del diseño. La orientación norte del edificio y su sistema específico de aislamiento aseguran temperaturas y niveles de humedad interiores adecuados, con una mínima dependencia de sistemas mecánicos de climatización. Las pocas ventanas y lucernarios enmarcan el paisaje y maximizan el aprovechamiento de la luz natural.

La gestión del agua es igualmente fundamental, en un contexto sin infraestructura pública de abastecimiento. El proyecto recolecta agua de lluvia, obtiene agua potable de perforaciones artesianas y trata las aguas residuales para su reutilización en riego, limpieza y prevención de incendios. Los recorridos permeables permiten que el agua de lluvia regrese al uso agrícola, reduciendo desperdicios y preservando los recursos.


El diseño del paisaje recupera flora nativa, enriqueciendo la biodiversidad y favoreciendo ecosistemas que contribuyen a la salud de los viñedos y al desarrollo de actividades económicas complementarias a la producción vitivinícola.


El acceso principal de la bodega alberga un centro de visitantes con área de recepción y tienda de vinos, que conduce a una sala de reuniones con cerramiento completamente vidriado y a un espacio de degustación ubicado en una amplia galería con balcón. Desde allí se domina tanto el área de crianza del vino, situada en la nave central, como el paisaje circundante. Estos espacios se vinculan directamente con el viñedo y con una pequeña capilla histórica de piedra, a través de una gran terraza con vistas al río Duero. El conjunto está preparado para albergar eventos vinculados a un enoturismo de carácter prestigioso, promoviendo la bodega y la región, y celebrando el encuentro entre naturaleza y arquitectura.

