
Ubicado en Charlevoix, a lo largo de un camino rural con largas vistas hacia los campos, las montañas y el río, el proyecto se concibe como un lugar de encuentro para una familia numerosa. La residencia se implanta sobre un antiguo bosque atravesado por senderos históricos pertenecientes a la explotación forestal que actualmente se reconvirtieron en circuitos de esquí.


El encargo consistió en un lugar capaz de albergar hasta veinte personas, pensado como espacio de encuentro, descanso y vida compartida para toda la familia y las futuras generaciones.

El proyecto se implanta en un extremo del bosque, otorgando largas vistas al paisaje circundante. En planta, dos volúmenes se intersectan en forma de T organizando el conjunto en tres alas: el ingreso, las áreas comunes y los dormitorios. Cada una se extiende en distintas direcciones captando así fragmentos específicos del entorno.

El interior se reviste por completo en madera de cedro, remitiendo a la materialidad de los chalets. El corazón de la casa está determinado por un gran núcleo materializado con piedra del lugar, que contiene la chimenea y una escalera circular. El espacio de estar se desarrolla como una gran planta abierta, donde el living se encuentra unos escalones por debajo del nivel general de la casa.


La pendiente de la cubierta da lugar a un gran ático, con capacidad para albergar un gran número de visitantes, al tiempo que permite el ingreso de luz natural y ofrece nuevos puntos de observación del paisaje.

Esta variación en las escalas del interior de la vivienda, complementadas por los lucernarios, las carpinterías en planta baja y la amplia galería exterior, establecen un diálogo directo con las características del sitio donde se implanta.

