
La reforma de la Plaça Aguilar forma parte de una estrategia municipal de regeneración del centro histórico de Navarcles, un área que, como ocurre en otros pueblos y ciudades del interior de Cataluña, ha perdido población en favor de los sectores periféricos. La intervención continúa un proceso de reurbanización de los espacios públicos del centro y busca devolver a la plaza una condición activa y reconocible.


La plaza se organiza en relación directa con la fachada de Ca l’Aguilar, edificio patrimonial recientemente rehabilitado como equipamiento municipal. Los bordes mantienen la materialidad de las calles colindantes, con pavimento de adoquines de hormigón y encintados de granito. En los encuentros entre ambos materiales, piezas de granito cuidadosamente talladas resuelven las geometrías oblicuas y construyen una continuidad precisa con el entorno existente.

Hacia el centro, una superficie de hormigón coloreado, rugoso y desactivado configura una suerte de alfombra urbana que diferencia y singulariza el espacio. Dos grandes jardineras estructuran la plaza y, además de protegerla del paso de vehículos, incorporan diferentes posibilidades de uso. Sus bordes funcionan como bancos y una plataforma se extiende entre ellas para conformar un espacio de encuentro, juego y actividades performativas.


La vegetación introduce distintas escalas y variaciones estacionales en el espacio público. Una gran nogal de hoja caduca ocupa una de las jardineras, acompañado por dos arces blancos de porte medio. Bajo los árboles, combinaciones de especies herbáceas y florales incorporan diferentes tonalidades de verde y floraciones azuladas y lilas, además de variaciones olfativas a lo largo del año. La condición caduca del arbolado permite aprovechar el asoleamiento durante el invierno y generar sombra durante el verano.

El sistema de jardineras incorpora también una estrategia de gestión del agua de lluvia. La configuración topográfica de la plaza conduce las escorrentías hacia sumideros situados junto a sus muros, desde donde el agua se deriva hacia capas profundas de suelo estructural mediante tubos de drenaje invertido. De este modo, el agua queda almacenada y disponible para mantener húmedo el terreno, mientras que un sistema de rebalse permite evacuar el excedente durante episodios de saturación.



