
El proyecto aborda un edificio profundamente estratificado, marcado por una serie de intervenciones que habían debilitado progresivamente su claridad espacial y su legibilidad general. La intervención no se limita a mejorar el rendimiento técnico o funcional del edificio, sino que redefine el sistema espacial en su conjunto. A través de demoliciones selectivas y de una reinterpretación crítica de la estructura existente, el proyecto establece nuevos ejes perceptivos y experienciales que aportan mayor claridad y legibilidad al recorrido expositivo.


La secuencia de espacios fue reorganizada para recuperar la continuidad y la orientación durante la visita. Los espacios expositivos se ubican en el núcleo central del edificio y pueden alcanzarse directamente desde el acceso a través de la Sala Chini, que se convierte en el principal nodo visual y distributivo del conjunto. Alrededor de este sistema central se despliega un anillo de espacios de servicio —librería, cafetería, espacio educativo y espacios técnicos— ubicados de manera diferenciada respecto de las áreas expositivas.


Los espacios expositivos fueron concebidos como espacios neutros y flexibles, verdaderas “cajas blancas” capaces de albergar exposiciones en constante transformación. Todas las instalaciones y sistemas de infraestructura mecánicos, eléctricos y sanitarios quedan ocultos detrás de nuevos muros, dejando los espacios completamente libres de obstáculos.


Los nuevos lucernarios, realizados en vidrio fotovoltaico amorfo y vidrio difusor, garantizan una iluminación natural uniforme en los espacios expositivos y, al mismo tiempo, contribuyen a la producción de energía. Algunos de los módulos son practicables para permitir la ventilación y la extracción de humos, mientras que los sistemas de oscurecimiento motorizados permiten bloquear completamente la entrada de luz en los espacios cuando es necesario.

Una de las intervenciones más reconocibles del proyecto es la construcción de dos nuevas estructuras exteriores, ubicadas en correspondencia con la cafetería y el espacio multipropósito.
Estas estructuras, que protegen los espacios abiertos y potencian la relación entre el edificio y el jardín, reinterpretan en un lenguaje contemporáneo la tradición de las terrazas venecianas en cubierta conocidas como altane. Se trata de elementos ligeros y efímeros, diseñados para expresar explícitamente su carácter temporal sin competir con la masa de mampostería del Pabellón.

El gesto arquitectónico es deliberadamente medido: las nuevas estructuras no modifican la identidad del Pabellón, sino que completan su lógica espacial, estableciendo un diálogo con el contexto veneciano y con la tradición arquitectónica de la ciudad.









