
Ubicada a 6 km de la ciudad de Puyo, en la provincia de Pastaza, Ecuador, Hoguera de Madera se concibe como un refugio para una familia que decide replantear su forma de habitar en relación con la ciudad. El proyecto surge de la búsqueda de un modo de vida alternativo, en estrecho vínculo con la naturaleza, capaz de renovar tanto la vida doméstica como la práctica profesional.
Implantada al borde de una quebrada y delimitada por un pequeño río, la vivienda establece una relación directa con el paisaje. El curso de agua se convierte en uno de los elementos que guía la implantación y la organización espacial del conjunto.


El sistema constructivo recupera técnicas y materiales propios de la tradición amazónica. El “killi”, una especie de palma local conocida como el acero de la selva, se emplea como elemento estructural principal. Troncos existentes en el sitio son recuperados, tratados y reincorporados como parte de una serie de pórticos triangulados, articulados con vigas de madera provenientes de la zona.
El conjunto se organiza mediante tres módulos de madera vinculados por una pasarela elevada paralela al río. La disposición fragmentada utiliza el vacío como estrategia de privacidad: los módulos laterales rotan respecto al central, generando una configuración que equilibra la intimidad con la apertura hacia el entorno.


El módulo principal, de 58 m², alberga las áreas sociales —sala, comedor, cocina y baño—, mientras que los otros dos, de 28 m² cada uno, contienen las habitaciones. Las cubiertas a una sola pendiente se abren hacia el río y se cierran hacia la parte posterior, controlando visuales y privacidad en las zonas húmedas.
El proyecto incorpora estrategias pasivas y un sistema de tratamiento de aguas residuales mediante un reactor biológico que desemboca en un campo de infiltración, minimizando el impacto ambiental.


La materialidad refuerza el vínculo con el contexto. La madera define estructura, envolvente y mobiliario, mientras que piedras provenientes de fallas geológicas cercanas se emplean en pisos y muros de las áreas húmedas. Tres piedras del río son talladas para conformar lavabos, en una operación que recupera el trabajo artesanal y pone en valor la transformación directa de la materia.
A través de estas decisiones, el proyecto retoma saberes constructivos locales y plantea una arquitectura que entiende el territorio como recurso y como condición.



