
Mediante tres volúmenes y un atrio central, la Facultad de Turismo de Málaga se implanta con una edificación de escasa altura, con una extensa huella en planta, adaptándose a la suave pendiente del terreno. La propuesta pretende ofrecer una arquitectura flexible y atemporal. Para ello se establece una escala pública más cercana a infraestructuras urbanas.


Los volúmenes se distribuyen en el solar de forma escalonada, generando diferentes plataformas y suaves pendientes ajardinadas. La estructura se convierte en el elemento arquitectónico esencial del proyecto.


El diseño del conjunto se basa en sistemas pasivos buscando una eficiencia y sostenibilidad natural. Las fachadas estructurales actúan como grandes celosías de protección solar, modificando su profundidad y densidad en función de la orientación. Cada volumen se organiza alrededor de un patio-claustro en torno al cual gira toda la actividad. A su vez, dichos patios actúan como espacios de colchón térmico, permitiendo ventilaciones cruzadas para atemperar los espacios interiores.


La imagen del edificio se conforma mediante una estructura vista de hormigón in situ, interior y exterior, capaz de organizar el programa y formular la imagen.


El diseño de estructura en el perímetro busca la máxima flexibilidad interior, mediante la utilización de pantallas de diferentes profundidades y vigas de gran sección absorbiendo grandes luces, permitiendo múltiples distribuciones interiores capaces de absorber diferentes usos y programas.

La configuración tectónica se basa en la propia estructura vista, y por tanto la paleta es escueta utilizando materiales accesibles: áridos y cementos del lugar para la confección del hormigón. Únicamente el contrachapado de madera y el vidrio se distinguen de la estructura de hormigón.





