Colegio Imagine Montessori

Un proyecto de Arturo Sanz, Carmel Gradolí y Fran López, en Paterna, España.

Fotografía Mariela Apollonio

El edificio se implanta en el límite de la zona residencial de Valterna, en el municipio de Paterna (Valencia), sobre una franja destinada a equipamientos situada entre los edificios de vivienda y el barranco de En Dolça. Este accidente geográfico separa Valterna del área de expansión urbana conocida como La Pinada, promovida por los mismos propietarios del colegio.

Planta techos
Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio

Desde el inicio, el proyecto adopta una decisión determinante: el acceso al centro educativo no se produce desde la ciudad, sino desde el barranco. En una primera etapa, y debido al modelo pedagógico del centro, se prevé que la mayoría del alumnado proceda del área metropolitana de Valencia y acceda en transporte particular, hasta que el desarrollo de La Pinada permita que gran parte de los usuarios resida en el nuevo barrio. Ubicar la entrada en el vial urbano existente supondría agravar una situación de tráfico ya congestionada, por lo que la propuesta desplaza el acceso hacia un aparcamiento situado al otro lado del barranco, anticipando así el crecimiento futuro del entorno.

Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio
Vistas

Lejos de ser tratado como un límite residual, el barranco se incorpora al proyecto como un elemento natural vertebrador del territorio, superando la visión cultural que suele asociarlo a un espacio negativo o peligroso. El acceso al colegio se convierte en una experiencia gradual: los niños llegan atravesando un bosque de pinos mediante pasarelas de madera elevadas, desde las cuales el edificio se percibe filtrado entre las copas de los árboles. A lo largo de este recorrido se generan pequeños remansos que funcionan como lugares de encuentro y descanso para las familias. El ingreso no se produce de manera abrupta; existe una transición que prepara la llegada al ámbito escolar y permite que la ciudad quede atrás.

Cortes
Fotografía Mariela Apollonio

El acceso a cada aula se realiza a través de un vestíbulo con taquillas y bancos donde los niños se descalzan y dejan los abrigos. Un arco de baja altura señala el paso a un espacio concebido específicamente para la escala infantil. Para mejorar las condiciones de iluminación y ventilación, el proyecto incorpora captadores solares: espacios verticales de triple altura situados en posición central que aportan luz natural, favorecen la ventilación cruzada y establecen conexiones visuales transversales entre las aulas.

Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio

Cada espacio docente se prolonga hacia el exterior mediante una terraza cubierta que integra un pequeño anfiteatro, una fuente y un árbol de hoja caduca. Cuando las condiciones climáticas lo permiten, el aula se abre al exterior y el árbol, con sus transformaciones estacionales, se incorpora como un elemento más del aprendizaje cotidiano. El edificio crece como un organismo: cada aula adopta la forma que requieren sus necesidades específicas y, al agruparse, genera un sistema de espacios de relación que trasciende la mera circulación. Ensanchamientos, rincones, balcones y pasarelas sobre el patio exterior conforman ámbitos para reunirse, trabajar y jugar, culminando en un ágora abierta al paisaje.

Planta baja
1 piso

En todo el conjunto se integran rincones diseñados a la escala del niño: altillos sobre los aseos, espacios bajo los rellanos de las escaleras o junto a ventanas a ras de suelo. Son ámbitos inaccesibles para los adultos que funcionan como refugios y pequeños santuarios de la infancia. Los espacios exteriores —patios de juego, terrazas y el bosque de pinos— se conciben como áreas naturalizadas, alejadas de una concepción aséptica del paisaje. Raíces, troncos, ramas, hojas secas, piñas, espárragos en primavera o setas en otoño forman parte del entorno cotidiano. No hay césped ni pistas deportivas; el objetivo es favorecer la interacción con la naturaleza y propiciar espacios de relación tranquilos y no competitivos.

Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio
Fotografía Mariela Apollonio

Los desniveles del terreno se aprovechan para incorporar rampas, toboganes, escaleras, muros de escalada, pasarelas, refugios y cuevas, enriqueciendo la experiencia lúdica. Incluso la lluvia se integra como parte del aprendizaje, haciendo visible el paso del agua por el barranco en los episodios de precipitaciones intensas.

Fotografía Mariela Apollonio

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Proyecto  Arturo Sanz, Carmel Gradolí, Fran López

Superficie 2.930 m²

Ubicación  Paterna, Comunidad Valenciana, España

Año  2023

Construcción  Gupo Valseco

Asesores  Francisco Vallet (arquitecto técnico), Adolfo Alonso (estructuras), Albura Estudio (estructuras de madera), Avel Acoustique (acústica), Zero Consulting (instalaciones fase I), GME (instalaciones fase II), Alfons Ventura (asesoría de materiales), Silens Acústica (acústica), GM paisajistas (paisajismo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía  Mariela Apollonio

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