Casa Canal

En Resistencia, una vivienda, diseñada por Este Norte entre la vegetación y el río, se revela a través de la mirada de su habitante, quien reconstruye los recuerdos, los detalles y las decisiones que la convirtieron en un lugar propio.

Sí, estás metida en el medio del monte y, a veces, pienso que no puedo verte desde arriba porque las copas de los árboles no me dejan. Entonces busco tu lado izquierdo, el que toca el río, y ahí te encuentro. A veces te miro de frente y no puedo creer que seas así, porque te pensamos fresca y, la verdad, lo sos. Y no sé si eso se consigue tan fácilmente.

Tus techos son bajos, como el ranchito que estaba ahí mismo antes que vos, y como la mayoría de las casas de Resistencia. Pero tus pisos son frescos, y eso me encanta. Muchas veces camino descalzo y se me pegan esas hojitas diminutas del enorme y cincuentón ibirá pitá que hace de estandarte en tu techo.

Y sí, pensamos mucho en tu techo. Cuando lo veo, siento que es como la cabellera de mi abuelo antes de ir a trabajar: peinada al medio con gomina, las cerdas perfectamente marcadas. Tu canaleta, atravesándolo en la mitad, hace de raíz; y el agua que junta sirve para que todo lo que crece alrededor se mantenga fuerte. Tus ventanas están bien ubicadas porque me dejan ver lo que quiero ver y, muchas veces, un poquito más.

Mis amigos te idolatran. Entraste en ese podio reservado para las cosas queridas, porque te viven y te vivieron tanto como yo. Entienden que tenés muchísimos detalles que se van revelando con el tiempo. Te compartí mucho porque quiero que te disfruten, así como yo te disfruto cuando me levanto y preparo el desayuno en tu cocina, acompañado por ese rayo de sol espeso, grueso, que no tiene artificial que le compita.

Pienso en el verde de tu baño, en tu cielorraso de madera, en esas pequeñas imperfecciones que tenés y que te hacen tan linda. Y, más que nada, pienso en la historia de haberte creado junto a mi amiga, junto a mis amigos.

Te dibujé en una servilleta y así quedaste, tal cual. Y te agradezco, porque sé que el mundo exterior muchas veces no te entiende. Pero no es algo que te preocupe: cada año, cada estación, te volvés un poco más interesante.

Ignacio Fanti

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