
Ubicado en el barrio de Gràcia, en Barcelona, este nuevo edificio se inserta en un entorno urbano consolidado a partir de una propuesta que equilibra eficiencia energética, tradición constructiva y sensibilidad contemporánea.


Concebido bajo estrategias pasivas y con una demanda energética muy baja, el proyecto responde a las condiciones climáticas del lugar mediante soluciones que optimizan el confort ambiental y reducen el consumo energético.


La propuesta pone en valor la tipología edificatoria del contexto y recupera elementos tradicionales profundamente vinculados a las formas locales de habitar, como los estucos, las persianas alicantinas y la cerámica manual.

Estas materialidades no solo aportan identidad al edificio, sino que también refuerzan su relación con el entorno construido, estableciendo continuidades con la arquitectura del barrio desde una lectura contemporánea.


En el interior, la espacialidad se define a partir de geometrías curvilíneas que suavizan los recorridos y construyen una experiencia doméstica fluida y envolvente.


La riqueza material se expresa en superficies texturadas y acabados que capturan la luz de manera cambiante a lo largo del día, intensificando la percepción táctil de los espacios.


La luminosidad constituye uno de los aspectos centrales del proyecto. La entrada de luz natural potencia la profundidad espacial y acentúa el carácter cálido de los interiores.


Así, el edificio propone una arquitectura capaz de dialogar simultáneamente con la memoria material del lugar y con una sensibilidad urbana contemporánea, articulando tradición, confort y sostenibilidad.





