
La torre se emplaza en el paisaje húmedo de Vallesanta, en Argenta, Italia, dentro del área gestionada por el Ente de gestiones para parques y biodiversidad – Delta del Po. Con una altura de once metros, la intervención se concibe como una infraestructura mínima capaz de integrarse al entorno natural sin competir con él.

El proyecto adopta una organización en múltiples medios niveles conectados por escaleras y pequeñas plataformas. A través de aberturas puntuales y estratégicamente ubicadas, la estructura ofrece encuadres controlados del paisaje y optimiza la experiencia de observación de aves, reduciendo al mismo tiempo la interferencia visual en el ecosistema.




La construcción se resuelve en madera laminada encolada (glulam) y madera maciza de alerce, con un sistema de uniones metálicas que garantiza estabilidad y durabilidad. El revestimiento exterior, compuesto por listones de madera de densidad variable, favorece la ventilación natural y establece una continuidad formal y cromática con el entorno.


En el acceso, un muro informativo de madera orienta a ciclistas y visitantes que recorren el parque. La planta baja, sombreada y equipada con asientos, funciona como extensión del volumen construido: un espacio de pausa y contemplación que integra el proyecto a la red de recorridos existentes.


La torre opera como una infraestructura paisajística más que como un objeto aislado. Su presencia discreta y su materialidad permiten que la arquitectura acompañe la experiencia del territorio, contribuyendo a la valorización del ecosistema como una extensión construida de la naturaleza.






