
Diseñado para una boda en un almacén industrial de Gante, Bélgica, el proyecto propuso una escenografía única y dinámica, capaz de transformar el espacio a lo largo de las distintas fases del evento. En lugar de crear áreas separadas, la intervención apostó por una configuración fluida, donde se reorganizaba la atmósfera a medida que avanzaba la celebración.

El desafío principal fue infundir una sensación de calidez e intimidad en una construcción de gran escala. Para lograrlo, se introdujo una estructura central de tela suspendida que, con movimientos sutiles, transformaba la percepción del entorno.


Al llegar, los invitados encontraron un lienzo flotante de doble capa suspendido sobre la mesa principal. Su presencia reducía la altura percibida y llenaba el vacío del recinto, creando un umbral entre la inmensidad del espacio y la intimidad de la celebración.

Durante la cena, diez performers se acercaron a la mesa, tomaron las cuerdas conectadas a la tela y, al tirar de ellas, desplegaron la estructura. Con este gesto, la instalación central descendió, transformándose en una carpa etérea, iluminada en tonos cálidos que replicaban el atardecer.


Una vez concluida la comida, los organizadores dividieron la mesa en cuatro partes y abrieron una pista de baile central. Luego, hicieron descender aún más la estructura, de modo que la tela cubriera parcialmente el suelo. Finalmente, ajustaron su disposición para definir un espacio con forma de cruz, que contuvo la pista de baile y la separó del vasto vacío del almacén.


Además del diseño espacial, se llevó a cabo la dirección artística del evento, definiendo cada detalle de mobiliario, iluminación y ambientación sonora, con el objetivo de consolidar una experiencia inmersiva y cohesiva.





