
Ubicado frente a la estación de trenes de Vannes, el proyecto propone la rehabilitación de un conjunto industrial del siglo XIX, compuesto por una casa, una nave de cuarenta y cuatro metros de longitud y el vestigio de una cubierta vidriada perteneciente a un jardín de invierno. El sitio se encontraba abandonado, en un avanzado estado de deterioro. La intervención buscó la puesta en valor del patrimonio existente, incorporando nuevos usos (bienestar, trabajo, cultura y gastronomía) dentro de un espacio versátil y multifacético.

Un aspecto central en la intervención fue la transformación profunda de la nave, atendiendo simultáneamente a la degradación e inestabilidad de su estructura. Para ello, se retiró una porción completa de la cubierta a lo largo de toda su longitud. Esta operación permitió crear nuevos espacios, duplicar su capacidad de ocupación, reforzar la estructura e introducir luz natural en el corazón del edificio, sin necesidad de vanos hacia las propiedades vecinas, lo cual estaba prohibido. De este modo, se generó un patio ajardinado y un nuevo espacio flexible y adaptable, que se convirtió en núcleo del proyecto.


El proyecto puso el foco en la compacidad, la modularidad y la flexibilidad. Los niveles de trabajo bajo las cerchas, la sala Curieuse suspendida y la gran sala de eventos ilustran este enfoque. La sala de eventos cuenta con una grada retráctil de ciento cuarenta asientos y una partición móvil motorizada vinculada al sistema de seguridad contra incendios, lo que permite reconfigurar el espacio rápidamente. Estos dispositivos técnicos ocultos admiten la adaptabilidad programática.

La estrategia constructiva equilibra conservación e innovación en una continuidad sutil. La mampostería existente fue restaurada, las piedras producto de las demoliciones fueron reutilizadas, los pisos y los nuevos niveles se construyeron en madera, mientras que un pórtico de hormigón armado estabiliza y libera los volúmenes. Las decisiones técnicas estructurales se tomaron según las necesidades y restricciones de cada espacio, obteniendo soluciones mixtas.

La elección del aluminio, material liviano y reciclable, responde a su cualidad reflectante: en el exterior se integra al entorno, mientras que en el interior amplifica la presencia de la luz natural. El proyecto evita los gestos grandilocuentes, y se construye a través de intervenciones precisas y eficientes según cada material. Esta sobriedad garantiza la perdurabilidad de la obra y permite que los espacios, la luz y la vegetación sean los verdaderos protagonistas.

La decisión de rehabilitar el edificio existente contribuye a la reducción de la huella de carbono. Aislaciones de base biológica, revoques de cal transpirables, instalaciones técnicas vistas, terminaciones mínimas y la reutilización de elementos patrimoniales reflejan una estrategia de sobriedad constructiva. Completan el enfoque pragmático y de bajo consumo energético dispositivos pasivos, ventilación cruzada, protecciones solares, paletas cromáticas claras, infiltración y recuperación de agua de lluvia.

Este proyecto encarna una “radicalidad suave”: transformar mediante la sustracción, innovar a través de soluciones simples pero eficaces y asumir una arquitectura discreta, sobria y perdurable, que revela en lugar de imponer.
