
Ubicada en Bangkok, la casa se concibe como una exploración contemporánea de tradiciones espaciales chinas, donde la arquitectura funciona simultáneamente como un contenedor de memoria y una reflexión material sobre la construcción. El proyecto surge de la estrecha relación de sus propietarios con China y de su interés por una arquitectura capaz de revelar, en lugar de ocultar, estructuras, materiales e instalaciones.


La propuesta toma como punto de partida principios espaciales presentes en pinturas tradicionales chinas, estudiados y traducidos en diagramas que luego informan decisiones proyectuales vinculadas a la simplificación formal, el desplazamiento de ejes y la repetición. Estas operaciones permiten reinterpretar referencias históricas desde un lenguaje arquitectónico contemporáneo.


Uno de los elementos más significativos del proyecto es la reinterpretación de la tradicional moon gate o puerta lunar. En lugar de reproducirla literalmente, el estudio la rota horizontalmente y la transforma en un vacío circular enmarcado en acero, situado en el patio central de la vivienda.

Este elemento actúa como mediador entre interior y exterior, estableciendo una transición espacial que intensifica la relación con el paisaje. A través de esta abertura, los árboles del patio se proyectan hacia el balcón del segundo nivel, generando un diálogo continuo entre arquitectura y naturaleza.

En la planta alta, un lucernario longitudinal recorre el corredor principal. Equipado con aletas de geometría arqueada, filtra la luz natural y construye una secuencia rítmica que remite a la linealidad de las columnatas de la arquitectura clásica china.

Más que un recurso lumínico, este dispositivo organiza el recorrido interior y guía el desplazamiento hacia el dormitorio principal, transformando la circulación en una experiencia espacial cuidadosamente coreografiada.

La materialidad se resuelve con una paleta contenida y precisa. El hormigón funciona como un fondo neutro, mientras que ladrillos gris oscuro importados —característicos de la arquitectura tradicional china— definen la tonalidad predominante de la casa.


El ladrillo recorre fachadas, muros y pisos, consolidando una continuidad material que refuerza la unidad del conjunto. La alternancia entre aparejos horizontales y verticales reduce el consumo de material y, al mismo tiempo, introduce variaciones táctiles y visuales que enriquecen la percepción de las superficies.


Siguiendo el deseo de los propietarios, estructuras e instalaciones permanecen expuestas. Lejos de entenderse como elementos a ocultar, pasan a formar parte de la expresión arquitectónica, subrayando la honestidad constructiva y el carácter táctil de los materiales.

El proyecto establece así un diálogo entre pasado y presente. Mientras recupera referencias espaciales y materiales de larga tradición, incorpora una sensibilidad contemporánea centrada en la claridad espacial, la precisión constructiva y la expresión directa de los sistemas edilicios.

Casa H168 encuentra equilibrio entre la imperfección inherente a los materiales tradicionales y el refinamiento de una ejecución precisa. El resultado es una vivienda de atmósfera serena y poética, donde memoria, materialidad y tiempo convergen en una experiencia espacial profundamente sensorial.

