
Ubicada en un área históricamente asociada a infraestructuras ferroviarias y grandes corredores viales, la torre 900 Saint-Jacques busca construir un microcosmos urbano capaz de responder a las condiciones contemporáneas de densidad y vida colectiva. El proyecto combina un hotel Moxy de 12 niveles, aproximadamente 700 unidades residenciales en alquiler distribuidas en 48 plantas y una serie de espacios compartidos destinados tanto a residentes como a huéspedes.


Frente al predominio de torres vidriadas en el skyline de Montreal, el edificio propone una identidad material ligada a la tradición mineral de la ciudad. La envolvente, compuesta por paneles prefabricados de hormigón, reinterpreta referencias arquitectónicas locales mediante patrones entrelazados y relieves cruciformes que varían según la incidencia de la luz natural. La repetición y recomposición de un número limitado de módulos permite construir una fachada continua, de apariencia textil, que diluye los límites entre estructura y revestimiento.


La volumetría se organiza en tres estratos diferenciados: una base transparente vinculada al espacio público, un podio ajardinado y una torre coronada por terrazas y áreas verdes con vistas hacia Mount Royal. Cada una de estas capas responde a distintas escalas urbanas y busca incorporar espacios vegetales dentro de una estructura de alta densidad. A nivel de calle, la transparencia de la planta baja activa el entorno inmediato y establece continuidad con las infraestructuras peatonales y ciclistas del barrio.


El proyecto coloca la vida colectiva en el centro de la experiencia residencial. Cocinas compartidas, coworkings, jardines, terrazas, áreas de descanso y espacios comunitarios complementan las unidades privadas y amplían las posibilidades de uso cotidiano. Esta red de programas comunes busca redefinir la vivienda en altura como una forma de habitar conectada socialmente y menos dependiente de la lógica individual de la unidad doméstica aislada.


La estrategia ambiental combina una envolvente de alto rendimiento con sistemas electromecánicos eficientes y una reducción optimizada de superficies vidriadas. El uso de materiales locales, medidas de ahorro hídrico y sistemas de iluminación eficientes contribuyen a disminuir la huella ambiental del edificio. Según el estudio, la fachada prefabricada de hormigón mejora el rendimiento energético invernal aproximadamente un 25% respecto a una torre convencional de vidrio.



