
El proyecto es la propuesta ganadora del concurso convocado por la EMVS de Madrid para una parcela en El Cañaveral, un ensanche en desarrollo al oeste de Madrid. En un entorno caracterizado por bloques abiertos, el edificio, de siete plantas más ático y con 116 viviendas, plantea un volumen rotundo hacia la calle y, hacia el interior, un espacio comunitario articulado mediante galerías de acceso y tendederos perimetrales. Esta configuración reinterpreta la tradicional corrala madrileña, convirtiendo los espacios comunes en un escenario de la vida cotidiana.


El patio comunitario da acceso a los portales, organizados en cuatro núcleos que distribuyen cuatro viviendas por planta. Esta configuración permite reducir las superficies destinadas a circulación y acceso, al tiempo que garantiza la privacidad de las viviendas y asegura su doble orientación y ventilación cruzada. Con un ancho equivalente al de una vía pública, el patio se amplía longitudinalmente hasta duplicar esta dimensión, generando un espacio común amplio, protegido y confortable, con una identidad propia dentro del conjunto.


Las viviendas se organizan en bandas concéntricas en torno al patio. Junto a su fachada interior se dispone una banda húmeda que concentra baños y cocinas y por la que discurren las instalaciones, mientras que el anillo exterior, en contacto con la fachada, reúne los espacios de estar y descanso. Estos se abren mediante generosas ventanas hacia el exterior, garantizando vistas independientes en dormitorios y salones y permitiendo orientar cada ambiente según sus necesidades.

Desde el punto de vista constructivo, el edificio incorpora desde el inicio estrategias destinadas a optimizar el comportamiento térmico, reducir los costos de construcción y mantenimiento y favorecer la sostenibilidad. La sencillez constructiva, la compacidad, la doble orientación, la ventilación cruzada, la zonificación de las viviendas y el aprovechamiento de la iluminación natural no se plantean como medidas correctivas, sino como principios fundamentales del diseño.

Asimismo, el espacio bajo rasante se limita prácticamente a la huella del edificio, lo que permite liberar una superficie amplia para un jardín con árboles de gran porte. En conjunto, estas decisiones optimizan los costos de construcción y mantenimiento y permiten alcanzar un consumo energético casi nulo.


