Vol. 4 / Mueble escultura + Barro

Una exposición en Galería Barro, Buenos Aires, que reúne una selección de piezas que tensionan los límites entre función, arte y presencia escultórica.

Fotografía Benjamín Vizcaino

Entre la servidumbre funcional y la soberanía estética, el mueble-escultura habita un umbral en el que los órdenes del arte y del diseño se rozan, se esquivan, se imantan. La fricción es menos un problema de categorías que de pulsiones: ¿cuándo un objeto se emancipa de su condición de herramienta? ¿Cuándo la forma resiste la domesticación del uso y se afirma como presencia autónoma?

Fotografía Benjamín Vizcaino
Fotografía Benjamín Vizcaino

El binomio mueble-escultura no es una colisión de términos; es una alteración en el continuo de lo útil y de lo contemplativo. Un mueble es, por definición, una promesa de docilidad: se ofrece al cuerpo, se deja habitar, incorpora la memoria del gesto. La escultura, en cambio, ha reivindicado su derecho a la irreductibilidad, a la gravedad innegociable de su presencia. Pero en este espacio intermedio, la resistencia a la sumisión funcional no renuncia a su capacidad de uso.

Fotografía Benjamín Vizcaino
Fotografía Benjamín Vizcaino

Durante el siglo XX, la escultura moderna abandonó el pedestal para dispersarse en el espacio, mientras el diseño oscilaba entre la exaltación de la función y la voluntad expresiva. La arquitectura de posguerra experimentó con el interiorismo devenido escenario: líneas que se curvan sin un requerimiento anatómico, para coreografiar la idea de un cuerpo en tránsito. Así, esas líneas lograron escapar al canon funcionalista y se volvieron signos de una domesticidad imaginaria.

Fotografía Benjamín Vizcaino
Fotografía Benjamín Vizcaino

Al mismo tiempo, la deriva escultórica emprende una estrategia de vaciamiento: sistemas de repetición, geometría y serialidad, en la que la utilidad queda suspendida en la ambigüedad. Existe, sin embargo, otra genealogía, menos lineal y más contaminada, que desobedece los programas disciplinares y encuentra en la confusión una virtud. El readymade opera como una infección latente, como una desviación viral que sabotea la lógica de lo útil desde adentro. Conviene leer estas configuraciones como síntomas de una sensibilidad que se resiste a las taxonomías y no distingue entre soporte y ornamento, entre ergonomía y fetiche, o entre domesticidad y violencia.

Fotografía Benjamín Vizcaino
Fotografía Benjamín Vizcaino

La cuarta edición de Mueble Escultura reúne piezas en las que esa impureza se vuelve lenguaje: los sillones corpóreos de Michel, la mesa acuática de Kosice, los tronos de Fracchia; el ícono de Marta Minujín o la melancolía pop de Cervio Martini. Rueda Duchamp, de Leopoldo Estol, repliega el gesto duchampiano sobre sí mismo en un movimiento irónico, autorreflexivo o parasitario.

Fotografía Benjamín Vizcaino
Fotografía Benjamín Vizcaino

Esta deriva trabaja desde el borde: desconfía del canon y del confort, sabotea la promesa del diseño, exagera la dimensión táctil, afectiva o absurda. Hay aquí una voluntad de desobediencia, una especie de contra-funcionalismo gozoso que se permite el exceso, la fragilidad o la rareza.

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Fotografía Benjamín Vizcaino
Fotografía Benjamín Vizcaino

Curadoras  Lucila García De Onrubia, Cinthia Kazez

Participantes  Camila Fanego Harte, Cervio Martini, Francisco Álvarez, Gregorio Vardanega, Gyula Kosice, Jorge Michel, Juan Cruz, Juan José Souto, Kayen Montes y Alison Bartlett, Leopoldo Estol, Lucas Barbuzzi, María Clara Tipitto y Santiago Bouzat, Martín Churba, Marta Minujín, Max Degli, Mónica Sartori, Nacha Canvas, Nacho Fabio, Nacho Novillo, Nicanor Aráoz, Nicolás García Uriburu, Rocío Nerón Coiro, Samantha Ferro, Tomás Fracchia, Victoria Young

 

 

 

 

Ubicación  Galería Barro, Ciudad de Buenos Aires

Fechas  5 de abril al 16 de mayo de 2025

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía  Benjamín Vizcaino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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