
Ubicada en el límite entre el barrio más antiguo de la ciudad y su desarrollo más reciente, la Torre Huergo 475 se inscribe en un contexto donde historia, infraestructura y paisaje convergen. En este escenario, el proyecto introduce una plaza de acceso público que actúa como mediación entre el edificio y el espacio urbano, consolidando un ámbito propicio para el encuentro.

El proyecto se organiza en una torre de 507 viviendas distribuidas en 39 niveles, con tres subsuelos destinados a estacionamientos y áreas técnicas. Sobre esta base se desarrolla una plaza de 2.575 m² que extiende el dominio público hacia el interior de la parcela. Una serie de desplazamientos horizontales, en relación con el paisaje urbano, estructura la aparición de espacios comunes que refuerzan el vínculo entre los habitantes y la ciudad.


La estructura combina un núcleo central, un tabique perimetral perforado y losas sin vigas parcialmente alivianadas. A partir del nivel 13, la torre se proyecta en un voladizo de 11,30 metros, resuelto mediante un sistema de puntales inclinados que transfieren las cargas hacia el núcleo central, en conjunto con las fachadas laterales que operan como vigas vierendeel.

La envolvente de hormigón visto asume simultáneamente un rol estructural y expresivo. Un encofrado de textura grecada unifica la lectura del conjunto, mientras que una tintura verde define su acabado y aporta propiedades hidrófugas. Este criterio se extiende a los elementos de fachada, resueltos mediante un sistema de aluminio tipo stick adaptado como window-wall.




Un programa de arte recorre la sección del edificio, otorgando identidad a los espacios comunes. Con una superficie construida de 44.560 m² y una altura total de 120,60 metros, el proyecto articula densidad, espacio público y sistema constructivo en una única operación.


