
Situado en la ladera de las sierras, a pocos metros del Río El Durazno nace el pabellón. En un entorno con pircas jesuíticas, rodeado de vegetación nativa de molles y espinillos. Mirando hacia el norte, se encuentra el cordón montañoso de las Sierras Grandes, donde se vislumbra el Cerro Champaquí.

El proyecto propone calibrar el aire entre lo existente y lo nuevo, creando un diálogo entre la pirca de piedra original y la estructura introducida. En este vacío habita una tensión dialéctica, un intersticio donde la ruina y el artefacto se vuelven inseparables, obligando a lo introducido a reconocer la memoria del sitio. La arquitectura deja de ser una suma de partes para convertirse en un sistema de relaciones, manifestándose como una escultura habitable.


La intervención se consolida en dos piezas. Un prisma que resuelve el programa habitacional. Este funciona como un semicubierto de acceso, donde una losa de hormigón que emerge de la tierra se estrecha para atravesar el ingreso original del corral, provocando una fricción con la piedra irregular de la pirca.


Luego se circula por un fuelle que vincula las dos piezas, para finalmente acceder al pabellón central. Este se eleva como un octadecágono de tres estratos que culmina en una lucarna central, capturando luz cenital. En su estrato inferior, el cerramiento vidriado desdibuja el límite, trasladando la frontera visual del espacio hacia la rugosidad de la pirca. Este volumen de dieciocho lados se configura mediante la repetición rítmica de su propia estructura.


Esta piel oscura y rugosa – tratada con la técnica Shou Sugi Ban – revela un interior de madera clara. Un refugio sereno que permite descansar la mirada de la inmensidad del paisaje serrano. Este espacio potencia una atmósfera de contemplación, propicia para desarrollar prácticas de experimentación corporal y sonora.

El resultado es un artefacto que parece haber estado siempre allí o haber aterrizado por azar; un objeto que, al igual que las piedras que lo contienen, conserva la extrañeza de aquello que no termina de explicar su propio origen.




