
La necesidad de significado en la arquitectura se combina aquí con el deseo de trascender la mera funcionalidad. El proyecto busca absorber las cualidades del entorno, traducirlas en imágenes significativas y arriesgarse en su contexto, llevando al espectador más allá de los límites de lo inmediato.


El edificio, convertido en una construcción sin uso ni interés, se emplazaba en un potente paisaje, discreto y olvidado bajo la gran montaña. La intervención actúa como un catalizador que reanima el lugar y despliega en sus rincones su tradición y cultura musical, conformando un paisaje cultural y natural que revaloriza su entorno.

La vía pintoresca se presenta como una alternativa que permite un vuelo libre más allá de los límites disciplinares y de pensamiento. El espacio se organiza como una secuencia precisa de narrativas donde lo visual, a través del movimiento, amplifica lo invisible e inmaterial. El proyecto recupera fragmentos de naturaleza y rincones del antiguo museo, vinculándolos entre sí mediante la construcción de pabellones y mobiliario.


La propuesta plantea algo más que un edificio: se convierte en un narrador de historias. Resuelve con audacia las necesidades programáticas, conectando al ciudadano con la realidad, la cultura y la historia del sitio. Enfatizando la visión de un nuevo regionalismo, la intervención es creativa en lugar de nostálgica, vinculando su arquitectura directamente con el entorno natural.
