
Parte taller, parte archivo y parte sala de exhibición, el nuevo Centro Arqueológico Augusta Raurica concentra oficinas, laboratorios de restauración, talleres y depósitos que anteriormente se encontraban distribuidos en distintos edificios. El proyecto propone una organización espacial robusta y económica que apuesta por la transparencia visual y construye una identidad común para la institución.

Implantado sobre antiguas ruinas romanas, el edificio se define a partir de un esqueleto liviano de acero que sostiene una envolvente continua y flexible. Su volumetría abstracta y arcaica parece flotar sobre el paisaje, mientras que salas de doble altura y lucernarios introducen luz natural en el corazón de la planta.

La posibilidad de adaptarse a futuras necesidades constituye uno de los principios fundamentales del proyecto. La colección arqueológica, compuesta actualmente por más de 1,7 millones de piezas, continúa creciendo, al igual que los requerimientos de investigación, conservación y gestión asociados a ella.

Un sistema de franjas estructurales alternadas permite que los distintos espacios puedan expandirse o reducirse con facilidad, manteniendo recorridos claros para personas, objetos y servicios técnicos. Esta lógica lineal facilita además la construcción por etapas y posibilita futuras ampliaciones sin alterar la coherencia del conjunto.

Augusta Raurica constituye el asentamiento romano mejor conservado de Europa central. Sin embargo, la institución responsable de su preservación enfrenta restricciones presupuestarias y una dispersión funcional que dificultaba su funcionamiento cotidiano. El nuevo edificio busca responder a esta situación mediante una infraestructura capaz de fortalecer tanto la operación interna como la presencia pública de la institución.

Además de funcionar como depósito de bienes culturales, el proyecto actúa como un punto de referencia para la comunidad local. Los espacios compartidos favorecen los intercambios entre investigadores, restauradores y personal técnico, consolidando una identidad institucional hasta ahora fragmentada.

La arquitectura asume deliberadamente un carácter industrial. Materiales corrientes y duraderos, como la chapa ondulada, adquieren una presencia expresiva que refleja tanto las limitaciones presupuestarias como la relevancia cultural del programa.


En el interior, una estructura de acero claramente legible facilita el desmontaje, la adaptación y el reciclaje de los componentes constructivos. La lógica tectónica del proyecto favorece soluciones de baja complejidad tecnológica y una larga vida útil.
Las oficinas y espacios de investigación se organizan en torno a vacíos y lucernarios que acercan luz natural y ventilación a las zonas más profundas de la planta. La ventilación natural mediante corredores presurizados y la incorporación de zonas climáticas diferenciadas permiten reducir el consumo energético y optimizar el funcionamiento del edificio.

A través de una combinación de flexibilidad espacial, eficiencia constructiva y presencia institucional, el Centro Arqueológico Augusta Raurica ofrece una infraestructura preparada para evolucionar junto con las necesidades futuras de la investigación, la conservación y la difusión del patrimonio arqueológico.



