
En el noreste de Brasil, frente al mar de São Miguel do Gostoso, se eleva Casa Attico.

La morfología del lugar y su relación con el viento impulsaron tanto al arquitecto como al cliente a imaginar una solución arquitectónica completamente novedosa: elevar apenas el núcleo de la casa sobre las dunas, para ganar vistas al mar y afirmar una presencia reconocible en el paisaje.

En la planta baja, la casa funciona como una máquina de viento. Desde el este, el aire ingresa a los patios y circula según la geometría de los muros.


De esta forma pierde intensidad y ventila los cuatro dormitorios, dispuestos de forma simétrica. En el nivel de la torre, el viento asciende entre las dos capas de ladrillo que conforman los muros y activa la ventilación natural de la fachada.


La cocina central, orientada hacia cuatro patios, organiza la planta baja desde su punto medio y se vuelve el corazón de la casa. A través de una abertura circular, se vincula visualmente con el primer piso, que aloja la sala de estar y el estudio.


A medida que el recorrido asciende, la sensación de intimidad y aislamiento se intensifica en medio de la vastedad del entorno, hasta alcanzar el último nivel: un pequeño ámbito destinado a la contemplación del paisaje.










