
Casa 720° se concibe como un ejercicio geométrico que expande el recorrido visual del círculo y articula la relación entre interior y exterior a partir de un patio central. Pensada como un dispositivo que registra el paso del tiempo, la vivienda alterna entre apertura y resguardo: durante el día se orienta hacia el paisaje lejano, mientras que por la noche se repliega en torno al vacío interior.


El conjunto se organiza en tres volúmenes diferenciados: una vivienda principal de planta circular, un estudio independiente que funciona también como casa de invitados y un cuerpo rectangular que concentra dormitorios adicionales, servicios y áreas de apoyo. La disposición fragmentada responde tanto a la topografía como a la preservación de la vegetación existente.


Las casas organizan un conjunto arquitectónico que establece una convivencia respetuosa entre vecinos que son amigos, sin renunciar a la privacidad. El ingreso se da a través del jardín frontal de cada vivienda, el cual muestra, a partir de elementos de relación visual y de circulación, un equilibrio delicado entre lo común y lo individual.

La vivienda principal se desarrolla en dos niveles —planta baja y terraza— y combina geometrías rectas en los espacios programáticos con circulaciones resueltas mediante muros curvos. Estas se extienden como terrazas hacia el patio y como jardines hacia el exterior, estableciendo una continuidad espacial. El sistema de aperturas —celosías, grandes paños rebatibles y vistas enmarcadas— permite ajustar la relación con el entorno y modificar el comportamiento de los espacios.

Implantada en un valle apartado, la casa responde simultáneamente a condiciones de resguardo y apertura. Sus muros funcionan como mediadores entre distintas condiciones ambientales —bosque y pradera, estación seca y húmeda— y entre escalas espaciales —centro, interior y exterior—, regulando temperatura, ventilación y exposición.

La construcción se integra al terreno mediante una altura contenida y el uso de tierra local mezclada con hormigón, que define una materialidad continua en sintonía con el paisaje. A esto se suman estrategias pasivas y sistemas autosuficientes: captación de agua de lluvia, generación de energía mediante paneles solares y ventilación cruzada en todos los ambientes.

El proyecto prioriza un mantenimiento mínimo a través de materiales durables, sin revestimientos ni tratamientos adicionales, que envejecen junto al entorno. La casa se presenta así como una estructura que, más que imponerse, acompaña las variaciones del paisaje y el paso del tiempo.




