El espacio está situado sobre un terreno ligeramente apartado de la Ruta Nacional 58, en la localidad de Canning. El desafío del proyecto consistió en generar una atmósfera calma y singular, sin generar una desconexión de la rápida vía de acceso y, al mismo tiempo, construir un parador definido por una arquitectura parlante o cartel.
En una primera operación, el edificio se levanta para liberar su planta baja y genera una terraza pergolada con vistas hacia un club de golf cercano. La torre de servicios completa las operaciones primarias, a la vez que produce un contrapunto en horizontal y vertical con la planta baja y el primer piso.
La planta baja diluye los límites del edificio evitando generar barreras de ingreso y, en simultáneo, anclarse a un entorno con atributos paisajísticos valiosos que se integran a la arquitectura. La planta alta aloja un espacio de juegos aislado del espacio inferior y genera una terraza perimetral resguardada por una serie de pérgolas que controlan la luz y permiten disfrutar de los espacios exteriores.
La estructura metálica permite resolver con gran flexibilidad la planta baja, ya que al utilizar un emparrillado de vigas solo se necesitan cuatro columnas de apoyo para generar un salón de grandes luces.
Las columnas están empotradas en el perímetro, dos de ellas son simples y las otras dos tienen forma de V para absorber las fuerzas horizontales. Las cuatro columnas son el único vínculo entre ambas plantas. El mobiliario y la escalera están suspendidos del entramado, y no tocan el solado, mientras que la barra y los sanitarios se integran al suelo sin intervenir en el entramado.