
Reutilizar lo existente es siempre el mejor punto de partida. En este caso, una antigua pileta de vino de hormigón armado se convierte en basamento de un nuevo espacio de trabajo. Sin demoler ni borrar la historia del lugar, se añade con ligereza y precisión lo necesario para responder a nuevas necesidades.


El volumen se implanta con claridad: una estructura metálica, ligera y prefabricada en taller, que optimiza materiales y tiempos de ejecución. Se apoya sobre la pileta, respetando su geometría y aprovechando su lógica estructural. La construcción en seco permite precisión y eficiencia, minimizando el impacto en el sitio.

La disposición del volumen no es casual: se alinea con los galpones industriales existentes y se abre hacia el suroeste, enmarcando las montañas. La terraza actúa como prolongación del trabajo al aire libre, aumentando el confort.


La estructura sigue una modulación rigurosa. Perfiles verticales y caños cuadrados superiores e inferiores conforman un sistema de pórtico estable y claro. Una sobrecubierta ligera proporciona sombra y favorece la ventilación, mejorando el desempeño térmico de manera natural. La solución es simple, eficaz y generosa.

Aquí, lo nuevo no reemplaza lo viejo, sino que lo completa. La superposición de temporalidades enriquece el conjunto y refuerza su continuidad histórica.
