
Casa K se sitúa en un antiguo barrio residencial de casas de dos pisos, techos a dos aguas y un retiro hacia la calle. Con el paso del tiempo, el vecindario transformó su estética: se pintaron las fachadas de distintos colores, se reconstruyeron cercos y se reemplazaron carpinterías, lo que dio como resultado un paisaje residencial heterogéneo. En este contexto, el cliente decidió reorganizar y reconstruir los espacios de la casa para adecuarlos a la nueva estructura familiar y al deterioro de la vivienda existente.

La nueva vivienda prioriza los espacios de encuentro y convivencia. La morfología se plantea como una pieza que emerge del entorno de manera orgánica y diluye los límites entre el interior y el exterior. La estructura de la casa se organiza a partir de una retícula de hormigón armado que toma la altura de tres niveles. Los vanos entre la estructura se materializan con ladrillo, y conforman la envolvente del edificio. Luego, se incorporan los demás elementos: carpinterías, tragaluces, escaleras, cortinas como cerramientos y baños.

Cada planta contiene un programa específico: el dormitorio de la madre, el área de estar-comedor y el dormitorio del hijo. Las vigas en voladizo articulan los espacios comunes como accesos, pasillos y balcones. Estas áreas semicubiertas no solo conectan los tres niveles, sino que también establecen un diálogo directo entre el interior y el exterior e incorporan el tejido urbano y el ingreso de luz y ventilación natural al proyecto. Además, el sistema ofrece la posibilidad de expandirse en el futuro.

El método constructivo empleado, que consiste en colocar ladrillos dentro de un marco reticulado de hormigón armado, es el habitual en la zona. Muchas viviendas vecinas, e incluso rascacielos, utilizan estructuras independientes de hormigón que a menudo se encuentran ocultas bajo las fachadas. Al exponer y modificar esta lógica interna, se revela el ámbito doméstico, volviéndolo accesible.


A través de un proceso continuo e iterativo que integra nuevas posibilidades a la forma hasta alcanzar un estado de equilibrio, el desarrollo de la Casa K se asemeja al propio acto de habitar en permanente transformación.
